miércoles, 11 de mayo de 2016

Editorial: La promesa de mejorar el aeropuerto Matienzo

Llegar de visita a una casa y encontrarse con un jardín desalineado, con basura, con puertas y ventanas desvencijadas, causa una mala impresión y hace pensar que quienes viven en ella no se caracterizan por la higiene ni por el cuidado ni se interesan por darles una amable bienvenida a los posibles huéspedes.


Los accesos a una ciudad o a una provincia son esenciales para la comunicación. Estos deberían encontrarse siempre en un estado óptimo, no solo por una cuestión de seguridad vial, sino también por el aspecto visual. Una aeroestación es vital para cualquier ciudad por su importancia comercial y turística.

El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, anunció el viernes que se invertirán $600 millones en la mejora de la pista y las operaciones del aeropuerto Benjamín Matienzo. Los trabajos que se iniciarán en un mes y deberán estar concluidas en diciembre, permitirán que naves con capacidad de cargar hasta 100 toneladas puedan operar desde la provincia y aumentar el volumen de frutas frescas de exportación. “Vamos a renovar la terminal de pasajeros para que el aeropuerto de Tucumán esté dentro de los más modernos del país. También permitirá incrementar las exportaciones de arándanos, que además generará más trabajo”, sostuvo el funcionario.

El ministro de Desarrollo Productivo, Juan Luis Fernández, dijo que se realizará una extensión de 87 metros lineales de la plataforma, hacia el norte, lo cual permitirá alcanzar 12.400 metros cuadrados en total; se ha previsto también una extensión con orientación hacia el este. La nueva plataforma podrá ser transitada por aviones cargueros de gran porte, como los Boeing 777 o 747, que soportan cargas de hasta 100 toneladas.

El 8 de julio de 1994, el aeropuerto Teniente Benjamín Matienzo recibió formalmente la autorización para operar como internacional. Ese día se realizó un acto en el que participó el entonces presidente Carlos Saúl Menem que había venido a nuestra ciudad para presidir la celebración del Día de la Independencia.

A las 9.25 del 26 de julio de 1994, llegó a la estación de Cebil Pozo un avión de la empresa rusa Aeroflot que provenía de Estocolmo (Suecia). Había hecho escala en Irlanda y en Estados Unidos, donde embarcaron 132 tucumanos que habían ido a presenciar el Mundial de Fútbol. La nave que voló desde allí a Tucumán, inauguró así los vuelos internacionales.

El 1 de diciembre de 1998, la aeroestación pasó a manos de Aeropuertos 2000, consorcio de capitales argentinos y extranjeros. Sin embargo, nunca llegó a alcanzar la jerarquía que debería tener. Problemas con la autobomba, con las mangas, con la quema de cañaverales que lo rodean y que en ocasiones entorpecieron el aterrizaje o el despegue de los aviones, fueron una constante.

La falta de comodidades para quienes esperan embarcar o aguardan a algún viajero, fue motivo de reclamos. En abril pasado, uno de los monitores que había quedado de costado, de manera que revisar los horarios de partidas de los aviones se transformó en una molestia para la gente.

Sería auspicioso que esta promesa de inversión se hiciera realidad, así como la realización de las obras anunciadas en el tiempo estipulado y que no se incurriera en prórrogas interminables. Han transcurrido casi 22 años desde que llegara el avión de Aeroflot, ya es hora de que el aeropuerto Benjamín Matienzo se gradúe finalmente de internacional.

La Gaceta


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